Todo lo que necesitas saber sobre riesgo en Seguros

 evaluación de riesgos

En materia de seguros la palabra riesgo no se refiera siempre, necesariamente, a un suceso dañino o nocivo, sino exclusivamente al hecho aleatorio. Así, por ejemplo, son riesgos en la acepción común de la palabra los de incendio, de terremoto, de accidentes y otros; pero también existe el riesgo de que un asegurado bajo póliza de vida alcance una edad determinada y por consiguiente adquiera derecho a una prestación supeditada a esa circunstancia.

El riesgo en seguros, es un concepto que se utiliza para expresar indistintamente dos ideas diferentes; de un lado, riesgo como objeto o bien material (persona o cosa) asegurado; de otro, riesgo como posible acontecimiento o contingencia (daño que pueda o no suceder) cuya aparición real o existencia se previene y garantiza en la póliza.

El riesgo debe ser determinable con precisión, para que el contrato de seguro adquiera su verdadero sentido y no se preste a interpretaciones dudosas, debiendo reunir las siguientes características:

Incierto o Aleatorio: Sobre el riesgo ha de haber una relativa incertidumbre, pues el conocimiento de su existencia real haría desaparecer la aleatoriedad, principio básico del seguro.
Esa incertidumbre no solo se materializa de la forma normal en que generalmente es considerada (ocurrirá o no ocurrirá) sino que en algunas ocasiones se conoce con certeza que ocurrirá, pero se ignora cuando, tal es el caso del seguro de Vida Entera.

Posible: Ha de existir la posibilidad de riesgo, es decir, el siniestro cuyo acaecimiento se protege con la póliza de “poder suceder”, tal posibilidad o probabilidad tiene dos limitaciones extremas: de un lado la frecuencia; de otro lado la imposibilidad.
La excesiva reiteración del riesgo y su materialización en siniestro atenta contra el principio básico antes aludido: la aleatoriedad y se convertiría en un servicio de conservación.
Del mismo modo, la absoluta imposibilidad de que el riesgo se manifieste en siniestro, resultaría tan absurda como la reiteración continua de siniestros.

Concreto: El riesgo ha de ser analizado y valorizado por la aseguradora en dos aspectos: cualitativo y cuantitativo, para poder decidir su aceptación y fijar la prima adecuada.

Lícito: El riesgo que se asegure no ha de ir, según se establece en la legalización de todos los países, contra las reglas morales o de orden público ni en perjuicio de terceros, pues de ser así, la póliza que lo protegiese sería nula automáticamente.

Fortuito: El riesgo debe provenir de un acto o acontecimiento ajeno a la voluntad humana de producirlo. No obstante, es indemnizable el siniestro producido a consecuencia de actos realizados por un tercero, ajeno al vínculo contractual que une a la entidad y al asegurado, aunque en tal caso la aseguradora se reserva el derecho de ejecutar acciones pertinentes contra el responsable de los daños (principio de subrogación).

TIPOS DE RIESGOS:

En la contratación de seguros hay dos clases de riesgos, uno en función de la persona y otro en cuanto al bien por asegurar, que determinan el riesgo moral y el riesgo físico.

Riesgo Moral: Puede definirse como el riesgo que se deriva de la buena reputación de la persona por asegurar o del contratante del seguro. Algunos aseguradores, también lo califican como Riesgo Abstracto, cuya posibilidad de conocer es bastante subjetiva, pues comprende las cuales mentales y morales del asegurado o de sus representantes. El riesgo moral debe ser bueno, de lo contrario el negocio de seguros no podría celebrar contratos ante el temor de incumplimiento, dolor o fraude.

Riesgo Físico: También conocido como Riesgo Concreto que se identifica con la materia asegurada o el bien que esta sujeto a la consecuencia de sufrir una pérdida. Puede definirse como el riesgo que se deriva de las características físicas o materiales del objeto o actividad por asegurar, tales como su naturaleza o construcción, situación, condición, protección y uso. La importancia de estas características varían naturalmente según la clase de seguro de que se trate, pudiendo hacerse mucho para mejorar el riesgo físico, aunque muy poco se puede hacer para mejorar el riesgo moral.

En la práctica es difícil y hasta a veces imposible separar el riesgo físico o concreto del abstracto o moral; pues ambos están muy a menudo conectados, especialmente en el seguro sobre personas.
Merece la pena analizar brevemente la naturaleza intrínseca de un contrato de seguros, por medio del cual una persona o entidad expuesta a un riesgo, lo transfiere a otra a mérito del pago de una determinada cantidad, denominada prima.

La parte que asume el riesgo se llama Asegurador y principalmente exige del cedente del riesgo, el fiel cumplimiento de dos obligaciones muy importantes.

El pago de una suma de dinero llamada “Prima”, la cual sumada a las que paguen los otros cedentes de su riesgo, constituyen el fondo para satisfacer eventuales siniestros sufridos por unos cuantos de ellos. Estas primas están recargadas, con un porcentaje que contempla los gastos de adquisición, administración y la utilidad del Asegurador. Se puede decir que es la parte económica muy importante para el Asegurador. Actuar como si no estuviese asegurado; siempre se dice que el contrato de seguros es de “buena fe” y bajo este concepto encaja perfectamente lo antes enunciado, pues debe evitarse la tendencia de obtener beneficios más allá de los que la póliza cubre y de reclamos producidos por la manifiesta negligencia del Asegurado.El seguro no es una apuesta y su finalidad única consiste en compensar un daño sufrido dentro de los límites que el propio seguro especifique. Aparece evidente, en consecuencia, que el riesgo tiene que ser real, es decir la pérdida tiene que ser posible, pero inciertos son la época en que ocurra y si efectivamente ocurre.

Para que la transferencia del riesgo se realice, el cedente, previamente debe de identificar y evaluar las eventualidades a que se encuentra expuesto, debiendo combinar recursos humanos y financieros para tratar de darle la solución adecuada y determinar cuáles son los riesgos que puede asumir por cuenta propia y las que necesariamente tiene que transferir a la aseguradora, a este procese se le conoce como “Administración de Riesgos”.

INTERMEDIARIOS:
La forma más común y usada para que la transferencia del riesgo se efectúe a la aseguradora, es mediante la intervención de personas naturales o jurídicas totalmente independientes, que brindan asesoría, representación administrativa y colocación de las propuestas de sus clientes, en los mejores términos y en las compañías de seguros que a su criterio sean garantía de cumplimiento.

Estas personas naturales o jurídicas reciben el nombre de “Corredores de Seguros”, cuyo nombramiento es autorizado por el asegurado o contratante, mediante una carta, facultándolo para realizar actos administrativos de representación, mas no de disposición.Cuando la transferencia ha sido propuesta a la aseguradora, ésta tiene que tomar la decisión en base al “Análisis del Riesgo”, que es el instrumento técnico del que se vale para lograr el adecuado equilibrio en sus resultados.

Fundamentalmente, se concreta en los siguientes aspectos:

Selección de riesgos: Mediante la cual se procura la aceptación de sólo aquellos que por sus características propias se presuma que no van a originar necesariamente resultados desequilibrados por no ser peores que el promedio de su categoría.
Previsión de riesgos: Conlleva se adopten las medidas precautorias adecuadas, especialmente en riesgos de naturaleza industrial, para evitar la ocurrencia de siniestros.
Control de Resultados: Significa aplicar aquellas fórmulas de carácter excepcional cuando, tras el análisis de los resultados obtenidos, se aprecie que son las únicas adecuadas para conseguir el necesario equilibrio técnico: franquicias discriminadas, anulación de pólizas deficitarias, delimitación de las garantías, imposición de exclusiones de cobertura, etc.

El “Análisis del Riesgo” que realizan las aseguradoras, corre a cargo de su personal técnico, el que en muchos casos recurre a los servicios de profesionales independientes para efectuar las inspecciones, valorizaciones y prevención de siniestros. Estos servicios lo pueden brindar personas naturales o jurídicas que reciben el nombre de Peritos de Seguros y que para ejercer sus funciones deben de contar previamente con la autorización de las autoridades que vigilan controlan la actividad aseguradora.